En el cuidado de las familias se juega el futuro de la Iglesia: Ruiz Arenas

El Sol de Durango, Viernes 24 de noviembre de 2017

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La familia en la actualidad está inmersa en diversas crisis con tres causales que van en aumento: la ausencia de Dios, la pérdida de valores y la falta de amor, advirtió aquí en Durango el secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización con sede en Roma, el sacerdote colombiano José Octavio Ruiz Arenas.

Reconoció Ruiz Arenas que en el cuidado de las familias se juega el futuro de la Iglesia, “estamos llamados a examinar qué tipo de Iglesia necesita el mundo actual para responder a los grandes desafíos que nos plantea el cambio de época que estamos viviendo”.

Al clausurar la XII Jornada Catequística Nacional -con la asistencia de más de 4 mil catequistas de todas las diócesis de México-, el a su vez ex vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, acompañado del arzobispo de Durango, José Antonio Fernández Hurtado,  señaló que estas crisis lejos de llevar a la familia “a sentimientos de derrota y destrucción, constituyen un desafío para la tarea evangelizadora, la cual debe infundir esperanza y optimismo para fortalecer los lazos de amor que deben alimentar y sostener la vida familiar y la unidad y comunión de los esposos”.

En el mensaje de conclusiones de esta jornada, el secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, dicasterio de la Curia Romana creada por el Papa Benedicto XVI, expuso que es enriquecedor ver el entusiasmo de todos los catequistas, “la catequesis no se hace sin catequistas. Llevaré no sólo el recuerdo de estos cuatro días, sino el entusiasmo que han comunicado para seguir esta tarea encomendada por el Papa Francisco”.

Los distintos problemas que atraviesan las familias en México en los diversos ambientes: socio-cultural, económico, educativo, político y religioso, tiene tres causas fundamentales que van en aumento: la ausencia de Dios, la pérdida de valores y la falta de amor, aseveró.

“Esto nos está llevando a una crisis de identidad, al individualismo, a la desintegración familiar, a una sociedad sin Dios y a un sincretismo religioso”, planteó.

 

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Y, apuntó que no podemos pasar por alto el enorme influjo de la cultura en la vida de las familias, en la cultura posmoderna en la que vivimos, la familia no es concebida de manera única, pues existen diversas concepciones de familia. Nuclear, extendida, monoparental, adoptiva, ensamblada, etc., y esta diversidad plantea verdaderos desafíos para la transmisión de la fe en la Iglesia, sostuvo.

Aquí, el sacerdote colombiano expresó que la familia es uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos, es fuente de valores humanos y cristianos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente.

“La familia, a pesar de los problemas que tiene que enfrentar debe tomar conciencia que Dios tiene un proyecto de amor para con ella y que constituye el espacio de realización de la vocación humana para la felicidad y la realización de la dignidad humana”, acotó.

En cuanto generadora de valores, la familia constituye el espacio privilegiado para aprender a hacer el bien y por eso está llamada a ser ejemplo de unidad, amor, reconciliación, perdón y misericordia, precisó.

Ante los catequistas reunidos, Ruiz Arenas indicó que la familia tiene la misión no solamente de gestar a los hijos que son el don de Dios, sino también al ser el primer y fundamental peldaño para que la persona valore la importancia de la vida comunitaria; luego vendrán otras instancias, la escuela, el trabajo, la Iglesia.

Por ello, acotó que en el cuidado de las familias se juega el futuro de la Iglesia, pues es decisivo su papel para la transmisión de la fe y “estamos llamados a examinar qué tipo de Iglesia necesita el mundo actual para responder a los grandes desafíos que nos plantea el cambio de época que estamos viviendo”.

Reconoció que en la actualidad se están imponiendo cada vez más las relaciones virtuales en donde sobre todo los niños y jóvenes viven inmersos en una cultura digital manejada por el vasto mundo de las redes.

En este sentido, indicó que sin desconocer los grandes beneficios que tiene el avance tecnológico, “no podemos desconocer que se está perdiendo el valor del encuentro personal y que la comunicación está enfocada en una información de lo inmediato y muchas veces manipulada ideológicamente”.

Finalmente, apuntó que ante este fenómeno cada vez más creciente, el catequista debe buscar cómo llegar a los jóvenes a través de ese mundo tratando de conocer sus nuevos lenguajes y preocupaciones, pero por otro lado fortaleciendo y promoviendo una cultura del encuentro, del diálogo y la responsabilidad.